martes, 22 de septiembre de 2009

François Ganivet Desgraviers-Berthelot

Esta entrada está dedicada a José Marcos, porque estoy seguro que esta historia le va a fascinar y porque quiero mostrarle mi agradecimiento por las cosas interesantes que él me ha contado a mí.

El general François Ganivet Desgraviers-Berthelot, nacido el 14 de febrero de 1768 en Montboyer (Francia), estaba al mando de una de las dos brigadas de infantería que conformaban la 1ª División (general Maximilien Sébastien Foy) del ejército francés que combatió en Salamanca el 22 de julio de 1812. La Brigada Desgraviers-Berthelot contaba con los regimientos 76º y 39º de infantería de línea, con dos batallones cada uno. El 76º tenía una fuerza de 56 oficiales y 1.351 suboficiales y soldados y el 39º tenía 49 oficiales y 918 suboficiales y soldados.

Por la bibliografía sabía que el general Desgraviers-Berthelot fue herido gravemente al anochecer del 22 de julio, cuando los franceses se retiraban hacia el río Tormes, tras haber sido derrotados estrepitosamente en Los Arapiles. Hace un par de años, y gracias a los archivos parroquiales, pude averiguar que el general fue traído a Salamanca y que recibió cuidados en casa de un tal Salvador Roges, donde falleció el 26 de julio. Fue enterrado en la parroquia de San Isidoro y San Pelayo de Salamanca, que hoy en día es una aulario de la Universidad que se encuentra entre las calles de Francisco Vitoria y de Los Libreros, al lado de la Clerecía.

Aunque la brigada Desgraviers-Berthelot no sufrió demasiado en la batalla de Los Arapiles, ya que estuvo posicionada en los altos de Calvarrasa de Arriba, donde los combates se limitaron a meras escaramuzas de infantería ligera, lo cierto es que en las horas posteriores al final de la batalla esta unidad iba a sufrir dos duros golpes: la muerte de su general y la completa pérdida de uno de sus batallones, del regimiento 76º, que sufrió la carga de un escuadrón del 1º de Dragones de la Legión Alemana del Rey en Garcihernández, tal y como os he contado en una entrada de ayer mismo.

Aquí os dejo la partida de defunción de ese general francés que acabó dando con sus huesos en Salamanca:

"En Salamanca, Iglesia de San Isidoro y San Pelaio, murió en el día veintiseis de Julio de 1812, un Señor General de Brigada que dijeron titularse Mr. de Grabié, en la casa de D. Salvador Roges y fue sepultado en esta Iglesia por orden los Señores Gobernador eclesiástico y corregidor de esta ciudad, fue ejecutiva su muerte por las heridas que en la Batalla que hubo en el campo de esta dicha ciudad recibió y no se practicó, ni mandado hacer más diligencias con su cadáver; lo que anota aquí para que conste, por lo que fuese necesario y firmo ut supra.
D. Josef de Bustamante, Párroco."

Libro de Difuntos de la Iglesia de San Isidoro y San Pelayo (Salamanca), Archivo Episcopal de la Diócesis de Salamanca 417/10.

No deja de ser curioso que el general John Gaspard Le Marchant, británico y, por lo tanto, aliado de los españoles, tuviera que ser enterrado en el campo de batalla de Los Arapiles, mientras que un general francés encontraba sepultura en una iglesia de Salamanca. Pero es que, amigos, en ese tiempo, la religión primaba más que el bando, me temo. Desgraviers-Berthelot sería enemigo, pero católico, mientras que Le Marchant, aliado, no dejaba de ser un hereje presbiteriano. También cabe la posibilidad de que la familia que acogió al general francés actuara guiada por puros sentimientos de humanidad y que el dato del enterramiento de este personaje en esa parroquia no saliera del ámbito de la familia y el sacerdote que registró su partida de defunción. Como tantas cosas relacionadas con la francesada en Salamanca, lo acontecido durante la agonía y la muerte del general Desgraviers Berthelot seguirá guardado, posiblemente para siempre, en la carpeta de los misterios.

En la foto que acompaña esta entrada podéis ver la fachada de la antigua inglesia de San Isidoro y San Pelayo, antigua facultad de Derecho y hoy en día un simple aulario de la Universidad.

3 comentarios:

  1. Hola Miguel Angel,
    Fíjate lo que son las cosas, acabo de comprar un documento firmado en Salamanca, precisamente de éste General, que casualidad, puedo pasaros una copia en caso de que os guste tenerla.
    Muchas gracias, amigo, no dejes de trabajar para la causa napoleonica.
    Françesc Pintado.

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  2. Estimado Françesc, las cosas son lo que son, y para mí eso es que todo tiene un significado y que no existe la casualidad. Es evidente que juntos y compartiendo se puede hacer más y mejor y, sobre todo, disfrutar mucho más. Como me alegro de que comenzaramos a la par con esto de los Blogs.

    Sería maravilloso si me dejaras reproducir ese documento en este Blog o si lo pusieras en el tuyo. Estoy deseando saber qué pone y creo que te voy a llamar ahora mismo para enterarme, no lo puedo resistir.

    Muchas gracias a ti.

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  3. Un millón de gracias por dedicarme esta entrada, Miguel. Un lujo. No sólo yo, todos los salmantinos interesados por la historia de su ciudad, y más en particular, los amantes del mundo napoleónico sean de donde sean, sabrán agradecerte también la revelación de datos tan sigulares como éste del lugar exacto del enterramiento del general Desgraviers.
    El caso de este general, así como el de otros generales franceses fallecidos como consecuencia de la Batalla de los Arapiles, tales como Thomières o Ferey, sin olvidarnos del general ingés Le Marchant, siempre me conducen a pensar que son el vivo ejemplo de que en las batallas napoleónicas los generales acudían al frente en muchas ocasiones codo con codo con sus subordinados, asumiendo todos los peligros y dando ejemplo con su presencia física a los soldados en medio del fragor de la batalla. Se ganaban las medallas con el máximo mérito. En Arapiles abundaron los casos de enardecimiento de los soldados ante estas demostraciones de valor por parte de sus jefes más altos. Pongamos por caso al general inglés Leight, quien montado en su caballo, se paseó durante mucho tiempo por delante de los soldados de la quinta división arengándoles mientras caían alrededor de él infinidad de bolas de cañón y balas de mosquete, resultando finalmente herido.
    Inmersos en el horror de aquellas batallas, tanto los generales como sus soldados se enfrentaban cara a cara con sus enemigos. Aún siendo batallas increiblemente crueles, había en ellas un punto de nobleza puesto que los contrincantes tenían la oportunidad muchas veces de mirarse a los ojos, de ver la expresión de la cara de a quien iban a propinar un sablazo o de observar el gesto de quien les iba a lanzar un golpe de bayoneta; es decir, tenían la posibilidad de defenderse directamente de su enemigo.
    En las guerras modernas, sin embargo, me es mucho más difícil econtrar puntos de nobleza. Son guerras muy tecnificadas. Abundan los misiles y escasean las posibilidades de verle la cara al enemigo, de poder defenderte de él. Y es que aquellas bayonetas napoleónicas, aquellos mosquetes y sables, sí que eran armas de hombres.
    Puede que Desgraviers fuera también uno de esos generales que, además de ser buenos militares, eran también hombres cultos, refinados y con principios, como su compañero de división Foy, quien desarrolló en Francia después de las Guerras Napoleónicas un importante papel como político desde el bando liberal.
    A pesar de que en muchas ocasiones sólo estampaban su firma, dado que el contenido principal lo solían escribír amanuenses, he observado la elegancia de la caligrafía en cartas y documentos de algunos generales napoleónicos. Es una suerte inmensa al respecto el documento adquirido por Françesc Pintado y que dicho documento vuelva a la provincia donde está enterrado quien lo propició.
    Sea como fuere, acordándome siempre de Miguel Ángel Martín, miraré siempre asombrado a la antigua parroquia de San Isidro y San Pelayo, pensando en la cantidad de veces que habré pasado a su lado sin sospechar que allí yace enterrado todo un general napoleónico.

    Un saludo

    José Marcos.

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