lunes, 28 de septiembre de 2009

The Bloody Eleventh


El primer batallón del regimiento británico 11th (North Devonshire) Foot combatió en la batalla de Salamanca formando parte de la Brigada Hulse de la 6ª División, al mando del general Clinton.

Precisamente fue en Salamanca donde el regimiento se ganó el apodo de "the Bloody Eleventh" (el Undécimo Sangriento), dado el elevado número de bajas que sufrió al rechazar, en primera instancia, el contaataque de la División de Clausel entre los dos Arapiles y luego al atacar a la División de Ferey, que, en la última acción francesa en la batalla, se posicionó en las alturas de El Sierro para defender la retirada de sus compañeros derrotados.

El 1/11th contaba con 31 oficiales y 485 suboficiales y soldados, sumando una fuerza de 516 hombres. Tuvo 1 oficial muerto y 15 heridos. Entre los suboficiales y los soldados, 44 resultaron muertos y 281 heridos. Es decir, que el batallón sufrió 341 bajas de entre 485 hombres, lo que se puede traducir en un 66,1% de bajas.

Durante los combates una bala de cañón decapitó a los dos sargentos que portaban las banderas del batallón y a un negro que hacía sonar los cimbales acompañando la marcha de los soldados. El batallón capturó una bandera de color verde durante la lucha, probablemente perteneciente a un regimiento extranjero sirviendo con los franceses. También se hizo con una batería de cañones tras alcanzar la cima de El Sierro.

Al teniente coronel Cuyler se ganó una medalla por su valor, mientras que al regimiento se le concedía el honor de batalla "Salamanca", el primero que conseguía en lo que iba de guerra.

Curiosamente, el 1/61st, que formaba parte de la misma brigada que el 1/11th, tuvo un 67% de bajas pero no recibió un apodo por ello.

Obviamente, los batallones 1/61st y 1/11th fueron los que mayores pérdidas sufrieron en la Batalla de Los Arapiles o de Salamanca entre las filas de los aliados.

En la imagen adjunta: botón de oficial del 11th Regiment of Foot.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Los cuadros de Alba de Tormes


Como parece que a mi amigo Rafa Pardo no le hace mucha gracia esto de que cante las hazañas británicas, estoy encantado de poder ofrecerle una entrada de hazañas españolas escribiendo sobre el poema titulado "A los valientes guerreros del Ejército de la Izquierda, a su magnánimo y sabio general el excelentísimo señor don Gabriel de Mendizábal en la memorable acción de Alba de Tormes de 28 de noviembre de 1809", publicado en 1816 y obra de Ramón Noboa, un joven teniente del Regimiento de Infantería Ligera Monforte que estuvo en uno de los cuadros con los que la infantería española se defendió bravamente de las cargas de la caballería francesa en la Batalla de Alba de Tormes.

El poema lo podéis descargar en un archivo PDF a través del siguiente enlace:

http://dl.dropbox.com/u/848435/Historia/poemadelabatalladealba.pdf

Bueno, en realidad esto no os lo voy a contar yo, sino otro buen amigo, Arsenio García Fuertes, que hace un tiempo escribió un artículo titulado "Un Poema Épico de la Guerra de la Independencia: los Cuadros de Alba de Tormes", que os podéis bajar en un archivo PDF en el siguiente enlace:

http://dialnet.unirioja.es/servlet/extaut?codigo=1803064

Es el sexto artículo de la lista, y no debéis dejar de echarle un vistazo al resto, ya que Arsenio es una de las personas que más se ha trabajado por documentar los esfuerzos del ejército español durante la Guerra de la Independencia y es además un historiador serio, profesional y ameno en todos sus trabajos.

martes, 22 de septiembre de 2009

François Ganivet Desgraviers-Berthelot

Esta entrada está dedicada a José Marcos, porque estoy seguro que esta historia le va a fascinar y porque quiero mostrarle mi agradecimiento por las cosas interesantes que él me ha contado a mí.

El general François Ganivet Desgraviers-Berthelot, nacido el 14 de febrero de 1768 en Montboyer (Francia), estaba al mando de una de las dos brigadas de infantería que conformaban la 1ª División (general Maximilien Sébastien Foy) del ejército francés que combatió en Salamanca el 22 de julio de 1812. La Brigada Desgraviers-Berthelot contaba con los regimientos 76º y 39º de infantería de línea, con dos batallones cada uno. El 76º tenía una fuerza de 56 oficiales y 1.351 suboficiales y soldados y el 39º tenía 49 oficiales y 918 suboficiales y soldados. Por la bibliografía sabía que el general Desgraviers-Berthelot fue herido gravemente al anochecer del 22 de julio, cuando los franceses se retiraban hacia el río Tormes, tras haber sido derrotados estrepitosamente en Los Arapiles. Hace un par de años, y gracias a los archivos parroquiales, pude averiguar que el general fue traído a Salamanca y que recibió cuidados en casa de un tal Salvador Roges, donde falleció el 26 de julio. Fue enterrado en la parroquia de San Isidoro y San Pelayo de Salamanca, que hoy en día es una aulario de la Universidad que se encuentra entre las calles de Francisco Vitoria y de Los Libreros, al lado de la Clerecía. Aunque la brigada Desgraviers-Berthelot no sufrió demasiado en la batalla de Los Arapiles, ya que estuvo posicionada en los altos de Calvarrasa de Arriba, donde los combates se limitaron a meras escaramuzas de infantería ligera, lo cierto es que en las horas posteriores al final de la batalla esta unidad iba a sufrir dos duros golpes: la muerte de su general y la completa pérdida de uno de sus batallones, del regimiento 76º, que sufrió la carga de un escuadrón del 1º de Dragones de la Legión Alemana del Rey en Garcihernández, tal y como os he contado en una entrada de ayer mismo. 

Aquí os dejo la partida de defunción de ese general francés que acabó dando con sus huesos en Salamanca: "En Salamanca, Iglesia de San Isidoro y San Pelaio, murió en el día veintiseis de Julio de 1812, un Señor General de Brigada que dijeron titularse Mr. de Grabié, en la casa de D. Salvador Roges y fue sepultado en esta Iglesia por orden los Señores Gobernador eclesiástico y corregidor de esta ciudad, fue ejecutiva su muerte por las heridas que en la Batalla que hubo en el campo de esta dicha ciudad recibió y no se practicó, ni mandado hacer más diligencias con su cadáver; lo que anota aquí para que conste, por lo que fuese necesario y firmo ut supra. D. Josef de Bustamante, Párroco." Libro de Difuntos de la Iglesia de San Isidoro y San Pelayo (Salamanca), Archivo Episcopal de la Diócesis de Salamanca 417/10. 

No deja de ser curioso que el general John Gaspard Le Marchant, británico y, por lo tanto, aliado de los españoles, tuviera que ser enterrado en el campo de batalla de Los Arapiles, mientras que un general francés encontraba sepultura en una iglesia de Salamanca. Pero es que, amigos, en ese tiempo, la religión primaba más que el bando, me temo. Desgraviers-Berthelot sería enemigo, pero católico, mientras que Le Marchant, aliado, no dejaba de ser un hereje presbiteriano.  Como tantas cosas relacionadas con la francesada en Salamanca, lo acontecido durante la agonía y la muerte del general Desgraviers Berthelot seguirá guardado, posiblemente para siempre, en la carpeta de los misterios. En la foto que acompaña esta entrada podéis ver la fachada de la antigua inglesia de San Isidoro y San Pelayo, antigua facultad de Derecho y hoy en día un simple aulario de la Universidad.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Más sobre el óleo de la carga de Garcihernández


Puedo deciros que el cuadro de la carga de Garcihernández cuyo autor es Adolf Northen se conserva en la Niedersächsische Landesgalerie en Hannover. No me di cuenta, pero realidad sí había visto el cuadro antes del sábado pasado, porque hoy he consultado mi biblioteca y he visto que está reproducido en la página 38 del volumen de Osprey The King's German Legion (I) 1803-1812, cuyo autor es Mike Chappell. Voy a intentar que me manden desde el museo una imagen del lienzo en color, puesto que en el libro de Osprey está reproducido en blanco y negro y además cortado entre dos páginas. Ya os daré noticias a ver qué consigo.

Por otro lado, se ha dado la casualidad de que Diego, de Lerma, me ha pedido información al respecto de la uniformidad de los Dragones de la KGL, así que acompaño esta entrada con una lámina de ese libro de Osprey que representa a un soldado y a un cabo de esa tropa en el año 1812.

¿Qué era la King's German Legion?






















La presencia alemana en la batalla de Salamanca y en la acción de Garcihernández se explica por un hecho lejano en el tiempo. En 1803, Hannover fue invadido por los franceses, y muchos de los miembros de sus ejército se exiliaron a Gran Bretaña para formar una unidad al servicio del rey inglés, Jorge III, que además era la cabeza de la casa de Hannover, y poder así continuar su lucha contra Napoleón. Este es el origen de lo que se terminó convirtiendo en un ejército en miniatura que se denominaría King’s German Legion (Legión Alemana del Rey), cuyas unidades de caballería pesada entrarían a formar parte de la leyenda de las guerras napoleónicas tras la carga que se produjo en Garcihernández el 23 de julio, cuando los Dragones de la KGL alcanzaban a la infantería francesa en retirada.

Otra formación de origen alemán que combatió bajo el mando de Wellington fue el llamado Brunswick Oels Corps, también conocida por el título de Black Legion debido al color negruzco de sus uniformes. La familia real de Brunswick tenía parentesco con la familia real británica y, por ello, tropas procedentes de este ducado alemán habían formado parte del contingente extranjero del ejército británico desde hacía años. El duque Friedrich Wilhelm (1771-1815), sobrino de Jorge III, que había perdido Brunswick tras la invasión napoleónica, formó en 1809 la Legión de Brunswick, la cual puso al servicio de Austria. Una vez que Austria fue derrotada ese mismo año, el duque marchó a Westfalia donde, al no encontrar los ánimos dispuestos para un levantamiento contra Napoleón, se abrió paso hacia la costa. Allí fue evacuado por una flota británica para ponerse finalmente al servicio de su tío.

En la lámina de la izquierda se representa a un soldado de infantería de línea (casaca roja), un soldado de infantería ligera (casaca verde) y un jinete del 3º de Húsares, todos ellos de la Legión Alemana del Rey.

En la lámina de la derecha podéis ver un Dragón de la KGL.

La carga de la King's German Legion en Garcihernández




El 23 de julio de 1812, las tropas francesas derrotadas en los campos de Los Arapiles se retiraban por Alba de Tormes en dirección hacia Peñaranda. A pocos kilómetros de Alba, a las afueras de la población de Garcihernández, los Dragones de la King's German Legion alcanzaron a los regimientos franceses que iban en retaguardia. La infantería francesa formó en cuadros para protegerse de la caballería, pero una montura desbocada, al haber sido derribado su jinete, chocó contra uno de los cuadros, con lo que se abrió una brecha en el mismo por la que pudieron penetrar los jinetes alemanes. Los infantes franceses terminaron desbandados y se convirtieron en presa fácil para una tropa montada. Este episodio fue una de las raras ocasiones en las que la caballería lograba romper un cuadro de infantería. Cien años después, en la primera guerra mundial, algunas unidades de caballería alemanas, herederas de la que combatió en la guerra peninsular bajo bandera británica, llevaban grabado en sus cascos el "honor de batalla" de “Garcihernández”. Fue éste un hecho de armas que llevó el nombre de un pequeño pueblo salmantino desde los diarios de los soldados de la época napoleónica a las trincheras de la primera guerra mundial. Pero no solo esto, pues la carga de Garcihernández también mereció un lienzo pintado por el artista alemán Adolf Northen (1828-1876), de cuya existencia no había tenido noticia hasta que José Marcos me lo mostró ayer durante nuestra excursión al Sitio Histórico de Los Arapiles. José lo encontró reproducido en blanco y negro navegando por Internet y no hemos sido capaces de encontrarlo reproducido en color. Es posible que se conserve en un museo en Hannover con el que estoy intentando ponerme en contacto para ver si me pueden proporcionar más información al respecto, ya os contaré si tengo éxito en estas pesquisas.

La mejor narración de la carga de Garcihernández la podéis encontrar en la History of the King's German Legion de N. Ludlow Beamish, publicada por Naval&Military Press en el año 1997.

No obstante, os la intento contar con más detalle a continuación:

Lo cierto es que la caballería de Wellington nunca tuvo muy buena prensa con respecto a su actuación en la península Ibérica. Sin embargo, en la batalla de Los Arapiles las cosas fueron muy diferentes a como habían acontecido anteriormente, ya que la caballería británica, concretamente la brigada de dragones pesados del general Le Marchant, combatió bravamente, contribuyendo en gran parte a la completa destrucción del centro del ejército francés. Además, el 23 de julio de 1812, se produjo un acontecimiento inusual en el pueblo salmantino de Garcihernández, siendo tal que los dragones de la Legión Alemana del Rey lograron romper tres cuadros defensivos formados por la infantería francesa.

El mayor parte ejército francés se retiró del campo de batalla de los Arapiles atravesando el frondoso bosque de encinas al sur del Arapil Grande y luego el puente de Alba de Tormes, que le conducía camino de Peñaranda, para así huir finalmente hacia Valladolid y Burgos. Pero la división del general Foy no siguió esa ruta, puesto que se retiró avanzando hacia el este desde Calvarrasa de Arriba, cruzando el Tormes por el vado de Villagonzalo y convirtiéndose en la cola de la gran columna que formaba el ejercito en retirada del mariscal Marmont.

Antes del amanecer del 23 de julio la brigada del major-general von Bock, compuesta por el 1º y el 2º de Dragones de la Legión Alemana del Rey (King's German Legion), recibió órdenes de levantar su vivac en Pelabravo y disponerse a iniciar la persecución del enemigo en retirada. La brigada alemana cruzó el Tormes por Encinas de Abajo para terminar uniéndose a la brigada de caballería ligera del mayor-general Anson en la carretera que discurre entre Alba de Tormes y Peñaranda.

Las brigadas de Anson y von Bock alcanzaron a la retaguardia francesa en el pequeño pueblo de Garcihernández. Las tropas en la retaguardia francesa eran las de la Primera división de Foy, que el día anterior habían combatido en los altos de la ermita de Nuestra Señora de la Peña, en Calvarrasa de Arriba. Con ellas estaban la caballería ligera del general Curto y una batería de artillería. Cuando aparecieron los hombres de Anson, los jinetes franceses al mando de Curto se detuvieron en una posición al este de Garcihernández, mientras que la infantería se disponía a continuar con su retirada por el camino de Peñaranda. Anson recibió órdenes directas de Wellington de atacar inmediatamente con dos escuadrones, uno del 11º y el otro del 16º de dragones ligeros.

Los dragones ligeros británicos formaron en línea para iniciar la carga y a ellos se les unieron los escuadrones más avanzados de la brigada de von Bock de la Legión Alemana del Rey. La caballería de Curto huyó ante la presencia de la caballería aliada y el 1º de dragones pesados de la LAR fue el primero en lanzarse en su persecución. El primer escuadrón (120 hombres), al mando de capitán von der Decken, avanzaba hacia la caballería enemiga cuando, de repente, se vió sorprendido por una descarga de fusilería que afectó sobre todo a su flanco izquierdo y proveniente de un cuadro formado por un batallón del 76º regimiento de infantería de línea francesa. Aun herido, el capitán von der Decken inició la carga contra la infantería francesa. Una segunda descarga de fusilería hirió de muerte al bravo capitán, pero su compañero el capitán von Usslar Greichen se hizo cargo inmediatamente del mando. De forma casual, lo que en principio debía haber terminado con el rechazo de la carga de la caballería alemana, se convirtió en la causa de la destrucción del cuadro francés, ya que un caballo desbocado y sin jinete de uno de los dragones alemanes se precipitó violentamente contra el cuadro francés, llevándose por delante todo lo que encontró a su paso. El resultado fue que se abrió un hueco en el cuadro francés, correspondiente al espacio ocupado por ocho hombres, por el cual los dragones alemanes pudieron penetrar en el cuadro y ensañarse con la infantería enemiga empleandosus temibles espadas largas de hoja recta. El cuadro francés se convirtió en un caos de hombres que caían con terribles heridas o tiraban sus armas para rendirse.

El resto de escuadrones de dragones alemanes pasó de largo frente a esta dantesca escena y se dispuso a cargar contra los dos batallones franceses del 6º de infantería ligera, que estaban intentando alcanzar unas alturas que se elevan sobre el camino a Peñaranda. El segundo escuadrón del 1º de dragones de la Legión Alemana del rey estaba comandado por el capitán von Reizenstein, que dirigió a sus hombres contra el batallón más retrasado del 6º de ligera, todavía a cierta distancia de las alturas nombradas anteriormente. Mientras el batallón francés se esforzaba por llegar al punto más alto, dos de sus compañías, comandadas por el capitán Philippe, se dieron la vuelta y abrieron fuego contra los dragones alemanes. Los hombres de von Reizenstein no se detuvieron y, cuando alcanzaron a los franceses, repartieron sablazos a diestro y siniestro. Los alemanes acabaron con el batallón francés, pero la resistencia que éste último había ofrecido permitió a un buen número de infantes alcanzar las alturas, donde se reunieron con el segundo batallón del 6º de ligera, que se había posicionado sobre el punto más alto apenas unos minutos antes. Así las cosas, el 6º de ligera confiaba en recibir la ayuda de un escuadrón de jinetes de Curto pero, una vez más, la caballería francesa huyó abandonando a su suerte a sus camaradas de a pie.

El 6º de ligera formó un cuadro muy precario que, desde luego, no aguantó la carga del 2º regimiento de dragones de la Legión Alemana de Rey. El cuadro se disolvió en un instante, cientos de hombres tiraron sus fusiles y otros huyeron alcanzando la protección de cuatro batallones del 39º y 69º de Línea, que estaban formando en cuadro más al este, junto a la carretera que lleva a Peñaranda. El mismo general Foy, que comandaba la retaguardia francesa, se encontraba protegido en uno de esos cuadros.

El combate de Garcihernández duró unos cuarenta minutos, pero en un período de tiempo tan corto se libró uno los ataques más famosos de las guerras napoleónicas. Los dragones alemanes perdieron 120 hombres, contando muertos y heridos, de los 700 que participaron en la acción, pero capturaron unos 1.100 prisioneros entre los franceses que se retiraban.

El informe que Wellington envió al gobierno británico dando cuenta de la hazaña llevada a cabo por los dragones de la KGL hizo que todos los oficiales de ese cuerpo, que hasta ese momento tenían rango interino en el ejército británico, adquirieran un grado y un empleo permanente. Además, cuando Wellington entró triunfante en Madrid el 12 de agosto de 1812, los dragones de la KGL marcharon en un lugar de honor al frente de la columna, reconociéndoles de este modo los servicios prestados ese 23 de julio de 1812, gracias a los cuales el nombre del pequeño pueblo salmantino de Garcihernández se hizo famoso en las calles de Londres.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Un 19 de septiembre de 2009 en el Sitio Histórico de Los Arapiles


Hacía tiempo que no pasaba un día tan agradable entre amigos. Ha funcionado como un verdadero bálsamo en estos tiempos en los que me toca ver muy de cerca la enfermedad y la falta de esperanza. Gracias por haber acudido a mi llamada para compartir un día entero pateando el campo de batalla de Los Arapiles.

Han venido:

Tomás Hijo, con el que en su día tuve el inmenso placer de compartir la creación de los Cuentos de Salamanca en tiempos de Napoleón. Buen compañero en el trabajo y mejor amigo.

José Marcos, una de esas personas entrañables que a los diez minutos de estar con él te hacen sentir que es un amigo de toda la vida. Por no hablar de sus vastísimos conocimientos sobre la batalla de Los Arapiles y sobre la Guerra de la Independencia en general. La próxima vez que alguien me diga esa tontería de que soy el mayor experto en la Batalla creo que me va a dar la risa.

Jorge Pizarro, amigo desde hace ya algunos años, con el que ya había hecho excursiones napoleónicas en el pasado y que me ha echado una mano en varias ocasiones con el tema de los expedientes y hojas de servicio del Archivo Militar de Segovia.

José Montes, un amigo de hoy mismo que ya lleva tiempo recorriendo lugares relacionados con la Guerra de la Independencia. Le faltaba Arapiles, y creo que ha aprovechado y disfrutado la ocasión a más no poder.

Miguel Ángel García, ya sabéis, el autor de 1812 Wellington en Valladolid y responsable del blog http://1808-1814escenarios.blogspot.com/ Este ya es amigo en calidad de veterano, aparte de experto rastreador en campos de batalla y archivos.

Para empezar la jornada José Montes ha tenido el detallazo de regalarnos a cada uno una reproducción de un mapa de la península Ibérica en 1812, obra del cartógrafo francés J. B. Poirson. Gracias, Pepe.

La visita la iniciamos por las alturas de la ermita de Nuestra Señora de la Peña, en el término municipal de Calvarrasa de Arriba. Miguel Ángel García nos hizo un brillante resumen del contenido de su libro, que da cuenta de los días de campaña previos a la jornada de la Batalla de Los Arapiles, y luego tomó un servidor la palabra para hablar de cómo se desarrollaron esas primeras horas del 22 de julio de 1812 y de las escaramuzas que se produjeron en ese lugar. Estuvo muy bien desde el principio, porque hoy no ha sido uno de esos días en los que hablo yo solo, ya que durante toda la jornada he tenido la oportunidad de escuchar y aprender gracias a los comentarios y exposiciones de los compañeros de excursión.

Luego hemos cogido los coches para ir hasta el pueblo de Arapiles. Allí hemos iniciado una caminata que nos ha llevado al Teso de San Miguel, Arapil Chico y Arapil Grande. La batalla la hemos explicado entre todos desde el Teso de San Miguel, una atalaya ideal para este menester. En el recorrido hemos recordado especialmente los episodios de la defensa por parte del coronel británico Bingham de la bandera de su batallón (2/53º) y el del ataque de la brigada portuguesa de Pack al Arapil Grande. De hecho, hemos seguido los pasos de esos pobres soldados lusos que terminaron masacrados en la cornisa rocosa de la cara norte del Arapil Grande.

Una vez de vuelta a Arapiles siguiendo el camino del Arapil Grande hemos cogido los coches para irnos a comer al Mesón de Los Arapiles, en el cruce con la carretera de Cáceres. El menú, un clásico, de esos que no fallan: ensalada de pimientos del piquillo, ensalada de puerros y ensalada de ahumados para empezar y compartir y, de segundo, pues cuatro chuletones frente a dos solomillos. El postre, el mismo para todos, el que yo pido siempre: nata helada con nueces y trufas.

Dulce ha sido el postre pero más dulces han sido los datos que nos ha ofrecido José Marcos y de los que daremos cuenta en este Blog en los próximos días: un cuadro que no conocíamos dedicado a la carga de caballería de Garcihernández, un relato de lo acontecido en el pueblo de Aldeanueva de Figueroa en noviembre de 1809 y unos misteriosos impactos de proyectil de fusil de avancarga en una de las paredes de la iglesia de San Benito en Salamanca.

La sobremesa la hemos hecho en el Aula de Interpretación, donde hemos visto el video y admirado el diorama.

Fue Miguel Ángel García el que dijo que no podíamos dejar de ir al Sierro, el lugar donde los franceses establecieron su última defensa. La última vez que Miguel Ángel vino por aquí le llevé precisamente a ese paraje y creo que llevaba soñando desde entonces con volver a encaramarse a ese magnífico mirador del campo de batalla. Juraría que todos han sentido algo especial en esa loma que da entrada al bello encinar que se extiende hacia el sur y por el que se retiraron los soldados franceses derrotados. No estábamos todavía por la labor de irnos a casa, así que pensé que podía ser una buena idea adentrarse en la arboleda y enseñarle a mis amigos uno de mis sitios secretos: un paraje donde estoy seguro que dieron con sus huesos la noche de la batalla un buen número de soldados agotados, sedientos y heridos.

Vuelta a casa a eso de las siete de la tarde. No está mal, considerando que empezamos la visita a eso de las diez menos cuarto de la mañana. Espero que todo el mundo haya llegado bien a casa, que me mandéis alguna foto para ilustrar esta entrada y que repitamos una jornada como ésta en Ciudad Rodrigo, Tamames o entre el Tormes y el Duero...