jueves, 12 de marzo de 2009

Los Desastres de la Guerra, de Goya



Hoy entro en el Blog para dar una estupenda noticia: vamos a poder ver en Salamanca las aguafuertes originales de la serie "Los Desastres de la Guerra" de Goya. La exposición se inaugura hoy jueves 12 de marzo a las 19:30 en la Sala de Exposiciones de Santo Domingo de la Cruz (C/ Arroyo de Santo Domingo s/n) y acaba el 19 de abril. Organizada por Ibercaja y la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura.

Horario
De martes a viernes de 17 a 21 horas
Sábados, domingos y festivos, de 12 a 14 y de 17 a 21 horas

Os dejo un capítulo incluido en mi libro
Los Guerrilleros, la pesadilla española de Napoleón y dedicado a esta serie:

A los sesenta años de edad, Francisco de Goya y Lucientes iba a ser testigo presencial de una de las guerras más cruentas de la historia de España. En un tiempo en el que no existían los reporteros de guerra, Goya se convirtió en el hombre que mejor plasmó los horrores de la lucha, sus nefastas consecuencias y, lo que es aún peor, la muerte de la esperanza.

Es posible que la serie de grabados englobados bajo el título de Desastres de la Guerra tenga su origen en lo acontecido durante el primer sitio de Zaragoza, pues el pintor se vería inmerso en el mismo escenario de la contienda, en contacto directo con la realidad de una ciudad devastada. Pero aunque este hecho inspirara buena parte de las estampas producidas por el genio, sus viajes por unas tierras que padecían una guerra total y la visión de los horrores más infames (guerrilleros ahorcados al borde de un camino, soldados franceses descuartizados, mujeres violadas y acuchilladas), producirían el impulso necesario para grabar el resto de las escabrosas escenas con las que Goya da testimonio del paso de los ejércitos de Napoleón por España y de la decidida resistencia de un pueblo enloquecido por la barbarie.

Lejos están las aguafuertes de Goya de los cuadros de los pintores franceses que ensalzaron las glorias de Napoleón. En los Desastres no hay héroes ni hazañas, ni tampoco estampas de grandiosas victorias. "Los Desastres" son la mejor muestra de que la Guerra de la Independencia española fue totalmente distinta a las otras guerras que el Emperador de los franceses libraba en el continente europeo: los grabados reflejan el fanatismo, la crueldad, la injusticia y los vicios que engendraron el terror, el hambre y la muerte. No hay soldados vestidos con flamantes uniformes, es el pueblo en armas y pasado por las armas, el testimonio fiel de los efectos devastadores del levantamiento y la lucha popular.

La serie de aguafuertes de "Los Desastres de la Guerra" se ha dividido tradicionalmente en una estampa introductoria, cuarenta y seis dedicadas a los horrores de la guerra, diecisiete con escenas del hambre en Madrid y, por último, dieciséis estampas alegóricas tituladas “Caprichos Enfáticos”.

La primera estampa, titulada “Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer”, muestra una figura arrodillada y suplicante, símbolo de una guerra que la población civil sufrirá con todas las consecuencias. Las escenas dedicadas a los horrores de la guerra son las más desgarradoras. Goya no se refiere a sucesos históricos concretos ni retrata personajes reconocibles sino que convierte en protagonistas a la masa anónima de soldados franceses, guerrilleros españoles y el pueblo víctima de las barbaridades cometidas por unos y por otros. Es la primera vez que un artista nos ofrece un primer plano de la brutal realidad de la guerra. No existe la distancia que ennoblecía las batallas y las convertía en episodios heroicos del devenir histórico. La guerra se desnuda de cualquier elemento ennoblecedor y nos muestra su verdadera cara. Es el marco propicio para dar rienda suelta a los más bajos instintos humanos: la rapiña, la violación, la tortura y el asesinato. Como resultado, montones de cadáveres, algunos empalados y mutilados.

Las diecisiete escenas de Madrid nos muestran la espantosa hambruna sufrida por la capital durante los años 1811 y 1812. Hambruna acrecentada por el bloqueo que los guerrilleros ejercían sobre la ciudad, impidiendo la llegada de suministros y causando más penuria a sus propios compatriotas. Goya se convierte así en el mejor testimonio de la lucha guerrillera entre los años 1808 y 1814 en España, la cual, tuvo poco que ver con una lucha de héroes contra villanos; fue más bien una orgía de sangre y destrucción en la que, a veces, lo que menos contaba eran los honorables principios de defensa de la patria invadida.


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