miércoles, 12 de agosto de 2009

La historia de Pablo Colino o Paul Collings

Hace unos años se puso en contacto conmigo una señora inglesa, Shirley Collings MacBrien, que me contó que era descendiente de un tal Paul Collings que falleció en Exeter (Gran Bretaña) en 1868. Pero lo interesante del caso es que el verdadero nombre y apellido del tal Paul Collings, antes de ser rebautizado inglés, era Pablo Colino, y que parece ser que pudiera haber nacido en la provincia de Salamanca hacia el año 1798. Su historia es la que sigue:

Pablo Colino, con apenas diez años, fue llevado a Inglaterra por un oficial inglés que participó en la retirada de la fuerza expedicionaria británica desde Salamanca hasta La Coruña (noviembre 1808-enero 1809).

No se sabe si Pablo perdió a sus padres o si fue abandonado, pero lo parece seguro es que se unió a las columnas británicas que marchaban desde la frontera portuguesa a Salamanca. Una carta conservada por sus descendientes sugiere que un oficial llamado Harry Smith fue el que se llevó al chico a Inglaterra, ya que fue su sirviente, el soldado John West, el que quedó al cuidado de Pablo. Lo que sabemos con seguridad es que el muchacho terminó en el puerto de Plymouth y que durante un tiempo estuvo trabajando como mozo en los establos de una posada en Ivybridge. También se sabe que con unos 17 años fue probablemente el único salmantino presente en la batalla de Waterloo, en la que participó como sirviente de un oficial del regimiento de caballería 13º de Dragones Ligeros.

Ya rebautizado, Paul Collings terminó trabajando como mozo de cuadra en la New London Inn y ascendió al puesto de cochero de la posada. Era un hombre pequeño y delgado; una vez, mientras conducía un carruaje durante una tormenta y sin pasajeros, un jinete que se cruzó con él pensó que el carruje no tenía conductor. Se puso a seguirlo creyendo que los caballos se habían puesto en marcha solos. Cuando llegó a la altura del carruaje, apareció la cabeza de Paul, que controlaba perfectamente el vehículo.

Finalmente dejó la New London Inn para hacerse cargo de la Black Horse Inn (La Posada del Caballo Negro) en Longbrook Street. Collings se había casado en 1827 con Ann Ireland, la hija de John Ireland, el posadero de la Barnstaple Inn.

Paul era muy diestro con los caballos y los carruajes, como se puede comprobar gracias a un jarrón conservado por sus descendientes. Éste se lo regalaron en 1836 con la siguiente inscripción: "Como muestra de respeto al Señor Paul Collings por la invención del autofreno y de parte de mi persona, que lo ha experimentado y encontrado de la mayor utilidad, 1836". El "autofreno" parece que era un sistema de frenado para carruajes y carromatos cuando iban cuesta abajo. Irónica y trágicamente, el hijo de cinco años de Collings fue atropellado en 1843 por un carro cargado de carbón cuando cruzaba la calle Longbrook, a la puerta de la Black Horse Inn.

Collings inauguró varios servicios de transporte para conectar con el tren de Londres después de 1844, todos ellos con base en la Black Horse Inn. En 1850 anunció que abría un servicio de ómnibus entre Livery Dole y la estación de tren de Exeter (St David's).

En 1848 Collings fue testigo de la primera ascensión de un aerostato en Exeter desde el castillo de esa localidad. Siguió el recorrido del globo con un carruaje, llegó al punto de aterrizaje y llevó de vuelta a los aeronautas a Exeter antes de que se hiciera de noche.

Tras veinte años al frente de la Black Horse Inn, en julio de 1852, dejó su viejo negocio para hacerse cargo del Queen's Hotel en Queen Street, y organizó una cena de inauguración el 24 de noviembre. En el anuncio en el que daba cuenta de su traslado al Queen's Hotel también decía que proporcionaba "Caballos de postas y buenos carruajes, carruajes funerarios etc. a todas las partes del reino".

Su hijo, también llamado Paul, quedó al cargo de la Black Horse hasta el fallecimiento de éste en 1891.

Paul Collings poseía muchas propiedades en Exeter además de la Black Horse Inn y el Queen's Hotel. El número 1 de Castle Terrace lo tenía alquilado a un tal Sr. Kilner En 1861, Collings aparece registrado como el administrador en Castle Terrace, empleando a diez hombres y a su hija, Sarah Jane, mientras que su domicilio se encontraba en el número 3 de Bradnich Place.

Paul Collings mantuvo toda su vida su fascinación por la vida militar, y fue uno de los primeros miembros del regimiento de Voluntarios de Rifles de Exeter. Cuando el 13º de Dragones Ligeros estableció sus cuarteles en la ciudad, Collings entregó al regimiento unos valiosos mapas como signo de agradecimiento por la educación que había recibido en el seno de esta unidad durante su juventud, "una educación basada en la lectura de la Biblia y en el cuidado de las monturas".

En 1856, durante la celebración del final de la Guerra de Crimea, Collings condujo a los miembros del comité de organización del evento en un carruaje tirado por cuatro caballos bayos. En esa ocasión se le regaló un látigo adornado con oro. En 1858 el anuncio de su jubilación apareció en el Flying Post y su yerno se hizo cargo del Queen's Hotel.

El probablemente salmantino Pablo Colino, de nombre inglés Paul Collings, murió en 1868, a la edad de 70 años. El autor de su necrológica escribe que una vez le preguntó a Collings por qué había servido a Inglaterra en Waterloo, siendo como era extranjero. Su respuesta fue: "Me han criado en la Vieja Inglaterra, he prosperado bajo sus instituciones, he sido protegido por sus leyes, he servido siendo un chico en la campaña de Waterloo, así que mientras Dios me dé fuerzas, si llega el momento, la serviré en su propio suelo.

El apellido Colino no es un apellido demasiado común, y lo cierto es que en Salamanca y en Ciudad Rodrigo todavía hoy podemos encontrar bastantes personas de primer o segundo apellido Colino. Si alguno de ellos lee este Blog un día y tiene noticia de alguna vieja historia de su familia en tiempos de la francesada, por favor, que no deje de ponerse en contacto conmigo.

Cómo me fascinan estas historias...


martes, 11 de agosto de 2009

13 de agosto de 1809


El general Gregorio García de la Cuesta (en el grabado) cedió el mando del Ejército de Extremadura tras sufrir un ataque al corazón. Fue reemplazado temporalmente por el general Francisco Eguía.

12 de agosto de 1809


Retirándose hacia territorio portugués, la pequeña fuerza de Sir Robert Wilson, (su Loyal Lusitanian Legion y algunas tropas españolas), que habían estado amenazando Madrid durante la campaña de Talavera, tomaron posiciones en Puerto de Baños, de donde fueron desalojados por la vanguardia del Cuerpo de Ejército del mariscal Ney, al mando del general Jean-Baptiste Lorcet; Wilson pudo retirarse sin problemas a Portugal.

La Loyal Lusitanian Legion (Leal Legión Lusitana) era una especie de ejército privado formado en Portugal con reclutas voluntarios por un rico caballero inglés llamado Sir Robert Thomas Wilson. Wilson era un personaje extremadamente vanidoso y ambicioso que albergaba una tremenda ambición militar, pero que al mismo tiempo se resentía de las restricciones que suponía una carrera como oficial en el ejéricto regular, entre ellas la de aceptar su sbordinación a toda una jerarquía de superiores o la de operar como una pequeña pieza de una gran máquina. Lo que quiso, entonces, fue establecerse como un condottiero independiente -de hecho fue un aventurero más-y en este sentido la insurrección de España y Portugal le supuso una gran oportunidad. Así, el colapso de la autoridad política y los grandes espacios de la Península le ofrecieron la posibilidad de formar una fuerza independiente y operar fuera de todo control militar y político.

Hace doscientos años... Batalla de Almonacid


Comienzo con esta entrada una cronología de los Bicentenarios. No todos los días habrá hechos que recordar pero hoy, 11 de agosto de 2009, sí que os puedo contar que hace doscientos años el ejército francés del general Sebastiani y el Ejército de La Mancha del general Venegas libraron una batalla en Almonacid de Toledo. La batalla se decidió en favor de los franceses con la llegada al campo de batalla del Rey José y la reserva, pero los españoles lograron retirarse con cierto orden tras haber resistido al enemigo durante cinco horas de feroz combate.


Madrid 14 de agosto (Gaceta de Madrid)
PROCLAMA DEL REY (JOSÉ NAPOLEÓN I) AL EJÉRCITO

"Soldados! Cuando tres días hace os anuncié que el ejército combinado, batido en Talavera, iba huyendo al otro lado del Tajo por cerros y montes intransitables para la artillería, os hacia también presentir lo que acaba de sucederle. El 5º cuerpo ha alcanzado su retaguardia; le ha cogido 39 cañones, todos sus carros de municiones, sus bagajes, le ha muerto mucha gente, y hecho un crecido número de prisioneros. Pero lo que era imposible de prever es la batalla de Almonacid. Con efecto, ¿cómo se había de creer que ese ejército de la Mancha, aunque su fuerza consistía en 40.000 hombres, tuvieses no obstante la osadía de reunirse y marchar sobre Toledo? ¿ Un ejército que había huido solo por el rumor de vuestro regreso del Alberche, había repasado el Tajo, no se había mantenido firme a la vista de la caballería en Villamejor, y había sido forzado en la posición de Toledo? Sin embargo, en la noche del 10 este ejército ha suspendido su movimiento retrógrado, ha reunido todas sus divisiones, y ha marchado contra el 4º cuerpo y la reserva. La victoria no ha estado largo rato indecisa. Generales, soldados, caballería, infantería, todo ha sido envuelto en una derrota completa. Ya han caído en nuestro poder 30 cañones, 100 carros de municiones, y otros 200 de equipajes. El enemigo ha perdido 3.000 muertos, crecidísimo número de heridos, 4.000 prisioneros, y muchas banderas. Todo cuanto ha podido salvarse del campo de batalla está dispersado, y ya no existe como cuerpo militar. Ved ahí a lo que se han reducido los esfuerzo de esos inmensos ejércitos que debían entrar en Madrid.
En el Cuartel Real de Madrileños a 12 de agosto de 1809.


En la foto el castillo de Almonacid.

Manuscrito encontrado en Zaragoza


Hoy siento ganas de traer a este Blog al conde Jan Potocki y a su obra Manuscrito encontrado en Zaragoza, novela escrita por el conde polaco Jan Potocki y una de las grandes principales joyas de la literatura fantástica de todos los tiempos en la que la historia arranca en el sitio de Zaragoza. En ella aparece retratada la España del siglo XVIII, con majos, inquisidores, marquesas y endemoniados... En español tenéis ediciones en Valdemar y en Alianza de Bolsillo.

El conde Jan Potocki nació el en castillo de Pików, en Podolia (región entonces polaca, posteriormente anexionada por Ucrania), de familia noble. Sus primeros estudios los cursó en su país, recibiendo una sólida educación, y a los doce años fue enviado a Suiza para continuarlos en Ginebra y Lausana, donde se inició en el conocimiento de las ciencias y en los estudios literarios y lingüísticos. Los años de su educación suiza despertaron en el joven aristócrata una curiosidad por las ciencias yun sentimiento cosmopolita de la vida. A su regreso a Polonia abrazó la carrera militar, como era costumbre en la nobleza. Ingresó en la Academia Militar de Viena, pero pronto la abandonó para consagrarse a las dos pasiones que iban a dominarle hasta su muerte: los viajes y los estudios. Decidido a saberlo todo, no tardó en poseer una cultura enciclopédica, y un dominio de casi todas las lenguas modernas, además de las clásicas. Al mismo tiempo, el joven conde Potocki se contagió del espíritu liberal y progresista que imperaba en la ilustrada de la corte polaca, cuyo soberano, Estanislao Augusto, era uno de los protectores de la masonería, a la que pertenecían algunos de los grandes señores de la nobleza. Algunas damas compartían ese espíritu, entre ellas la princesa Isabel Lubomirska, con una de cuyas hijas, la princesa Julia, se casaría Potocki pocos años después.

Cuando se suicidó en 1815, el viajero, político y conspirador, científico y arqueólogo Jan Potocki, dejó muchos textos inéditos. Una vida extraña. Y esa misma extrañeza envolvió y envuelve a su libro más célebre: El manuscrito encontrado en Zaragoza, que empezó a bosquejar en torno a 1797. Entre 1804 y 1805 aparecieron unas pruebas de imprenta en San Petersburgo, pero hubo que esperar algunos años para que pudiese hablarse de ese texto y de un libro; en 1809, se publicaron fragmentos en alemán.

Así comienza la historia:

Como oficial del ejército francés, me tocó asistir al sitio de Zaragoza. Pocos días después de la toma de la ciudad, habiendo avanzado hasta un lugar algo apartado, descubrí una casita de uy buen aspecto, que en un principio pensé no habría sido visitada aún por ningún francés.
Tuve la curiosidad de entrar, y llamé a la puerta, pero al ver que no estaba cerrada, la empujé y entré. Aunque llamé y busqué por toda a casa, no encontré a nadie. Sin duda se habían llevado todo lo que poseía algún valor, y ya no quedaban sobre las mesas y en los muebles más que objetos sin importancia. En un rincón advertí, sin embargo, esparcidos por el suelo varios cuadernos escritos, y al echarles una ojeada comprobé que contenían un manuscrito en español. Aunque mi conocimiento de esa lengua es escaso, sabía de ella lo necesario para darme cuenta de que era un texto entretenido, en el que se hablaba de bandidos, de almas en pena, y de adictos a la cábala; pensé que nada mejor que distraerme de las fatigas de la campaña que la lectura de una novela extraña. Y convencido de que el curioso manuscrito no volvería ya a su legítimo dueño, no vacilé en apropiármelo.
Días después nos vimos forzados a abandonar Zaragoza, y habiéndome alejado desgraciadamente del cuerpo principal del ejército, tuve la mala suerte de ser apresado con mi destacamento por el enemigo. Creí llegada mi última hora. Cuando llegamos al lugar donde nos conducían, los españoles comenzaron a despojarnos de nuestros objetos. Les rogué que me permitieran conservar una sola cosa, que nada podía servirles: el manuscrito que había encontrado. Aunque al principio no parecían dispuestos a ello, acabaron pidiendo la opinión de su capitán, que en cuando vio el libro vino hacia mí para agradecerme el haber conservado intacto un manuscrito que él tenía en gran estima, pues contenía la historia de uno de sus antepasados. Le conté entonces cómo había llegado a parar a mis manos, y apenas lo hube hehco me llevó con él a su casa, donde pasé una temporada, muy bien tratado, y le rogué que me tradujese el libro al francés. Lo que sigue es su traducción, que yo escribí bajo su dictado.

Diorama de la Batalla de Alba de Tormes


Hoy me he encontrado con este diorama de la Batalla de Alba de Tormes a cargo de la casa NIMIX.

El 28 de noviembre de 1809, un año de derrotas para el Ejército Español, se libró una importante batalla por el control del puente del Alba de Tormes. Este puente era crucial, ya que era indispensable su dominio para mantener la línea del Tormes y poder, de esta forma, contener a los ejércitos franceses.

Tras la derrota de Ocaña (19 de noviembre de 1809) y la consiguiente paralización de las operaciones del ejército español, el Duque del Parque, sin decidirse a retirarse de la zona, acampó en las cercanías de Alba de Tormes, donde le alcanzaron las tropas del general francés Kellerman, que comandaba una numerosa tropa de caballería.

Del Parque situó parte de sus tropas en la margen izquierda del río Tormes (dos divisiones) y dejó en la villa, a la derecha, las fuerzas restantes más el cuartel general, la artillería y los bagajes, en una decisión incomprensible, ya que entre ellas solo era posible la comunicación por medio de un estrecho puente.

Kellerman, previendo la posibilidad de que el ejército español se retirase a la otra orilla y consciente de que no contaba con tropas de infantería a mano, decidió arriesgarse y atacar tan solo con la caballería, en un intento de retener a los españolas para dar tiempo a que llegaran sus tropas de a pie.

La caballería imperial francesa, con los Húsares y los Cazadores del general Lorcet a la cabeza, se abalanzó en cuatro oleadas consecutivas contra la línea defensiva formada por los españoles, arrasando a los jinetes de Del Parque y comenzando a crear grandes destrozos entre las tropas de infantería española. Tras sufrir 3000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, los soldados españoles se replegaron hacia el puente del Tormes, consiguiendo pasar la mitad de ellos. El resto de la infantería quedó atrapada en la orilla derecha, pero consiguió formar en cuadro y se dispuso a esperar el asalto final.

Sin embargo, éste no se produjo, ya que el comandante francés entretuvo con maniobras fingidas a los españoles mientras esperaba la llegada de la infantería francesa. Tras tres largas horas de espera y escaramuzas, al anochecer, los cuadros españoles se lanzaron en una precipitada huida hacia el puente y la mayoría consiguió llegar hasta las posiciones de Del Parque. Afortunadamente, la infantería francesa no llegó a tiempo.

Del Parque fue presionado por los primeros batallones franceses de infantería que aparecieron y el general español decidió retirarse de la zona.

En este desgraciado combate, en el que la infantería española, demostró tanto valor, destacaron los regimientos españoles del Príncipe, Princesa, Gerona, Zaragoza y Navarra, que formaban parte de la vanguardia española en la 2ª División.

En concreto, el Batallón 1º de Gerona, de Infantería Ligera, estuvo a punto de ser destrozado por la caballería francesa, pero consiguió mantener la formación hasta los asaltos finales.

Es por ello que las figuras del diorama las han pintado con los colores del Batallón 1º de Gerona: casaca azul; cuello, vueltas, solapas y vivos amarillos y botón plata.

domingo, 9 de agosto de 2009

Ian Fletcher Battlefield Tours visita el Sitio Histórico de Los Arapiles

Un grupo de Ian Fletcher Battlefield Tours visitó el Sitio Histórico de Los Arapiles el pasado 30 de julio, tras haber recorrido los días anteriores el campo de batalla de Talavera en el doscientos aniversario de esa batalla.

Ian Fletcher ha escrito más de una treintena de libros dedicados a la Guerra Peninsular y es un asiduo visitante del Sitio de Los Arapiles con sus grupos de turistas de campos de batalla. Normalmente me uno a sus grupos el día anterior a la visita al campo, en una cena que se suele celebrar en el restaurante salmantino favorito de Ian: La Olla. Nos volvemos a ver al día siguiente, a eso de las 9.:30 sobre la cima del Pico de Miranda, donde Ian comienza la visita guiada que luego nos lleva al Aula de Interpretación, el Teso de San Miguel y al Arapil Grande para terminar con un almuerzo en el pueblo de Arapiles.

Ya hace muchos años que gozo de la amistad de Ian, con el que he recorrido también los campos de batalla de Talavera, Buçaco, Fuentes de Oñoro, Vitoria y Waterloo. Además hemos colaborado juntos en documentales como "Under Siege! Ciudad Rodrigo 1812", que grabamos en Ciudad Rodrigo y en el National Army Museum en Londres.