martes, 11 de agosto de 2009

Manuscrito encontrado en Zaragoza


Hoy siento ganas de traer a este Blog al conde Jan Potocki y a su obra Manuscrito encontrado en Zaragoza, novela escrita por el conde polaco Jan Potocki y una de las grandes principales joyas de la literatura fantástica de todos los tiempos en la que la historia arranca en el sitio de Zaragoza. En ella aparece retratada la España del siglo XVIII, con majos, inquisidores, marquesas y endemoniados... En español tenéis ediciones en Valdemar y en Alianza de Bolsillo.

El conde Jan Potocki nació el en castillo de Pików, en Podolia (región entonces polaca, posteriormente anexionada por Ucrania), de familia noble. Sus primeros estudios los cursó en su país, recibiendo una sólida educación, y a los doce años fue enviado a Suiza para continuarlos en Ginebra y Lausana, donde se inició en el conocimiento de las ciencias y en los estudios literarios y lingüísticos. Los años de su educación suiza despertaron en el joven aristócrata una curiosidad por las ciencias yun sentimiento cosmopolita de la vida. A su regreso a Polonia abrazó la carrera militar, como era costumbre en la nobleza. Ingresó en la Academia Militar de Viena, pero pronto la abandonó para consagrarse a las dos pasiones que iban a dominarle hasta su muerte: los viajes y los estudios. Decidido a saberlo todo, no tardó en poseer una cultura enciclopédica, y un dominio de casi todas las lenguas modernas, además de las clásicas. Al mismo tiempo, el joven conde Potocki se contagió del espíritu liberal y progresista que imperaba en la ilustrada de la corte polaca, cuyo soberano, Estanislao Augusto, era uno de los protectores de la masonería, a la que pertenecían algunos de los grandes señores de la nobleza. Algunas damas compartían ese espíritu, entre ellas la princesa Isabel Lubomirska, con una de cuyas hijas, la princesa Julia, se casaría Potocki pocos años después.

Cuando se suicidó en 1815, el viajero, político y conspirador, científico y arqueólogo Jan Potocki, dejó muchos textos inéditos. Una vida extraña. Y esa misma extrañeza envolvió y envuelve a su libro más célebre: El manuscrito encontrado en Zaragoza, que empezó a bosquejar en torno a 1797. Entre 1804 y 1805 aparecieron unas pruebas de imprenta en San Petersburgo, pero hubo que esperar algunos años para que pudiese hablarse de ese texto y de un libro; en 1809, se publicaron fragmentos en alemán.

Así comienza la historia:

Como oficial del ejército francés, me tocó asistir al sitio de Zaragoza. Pocos días después de la toma de la ciudad, habiendo avanzado hasta un lugar algo apartado, descubrí una casita de uy buen aspecto, que en un principio pensé no habría sido visitada aún por ningún francés.
Tuve la curiosidad de entrar, y llamé a la puerta, pero al ver que no estaba cerrada, la empujé y entré. Aunque llamé y busqué por toda a casa, no encontré a nadie. Sin duda se habían llevado todo lo que poseía algún valor, y ya no quedaban sobre las mesas y en los muebles más que objetos sin importancia. En un rincón advertí, sin embargo, esparcidos por el suelo varios cuadernos escritos, y al echarles una ojeada comprobé que contenían un manuscrito en español. Aunque mi conocimiento de esa lengua es escaso, sabía de ella lo necesario para darme cuenta de que era un texto entretenido, en el que se hablaba de bandidos, de almas en pena, y de adictos a la cábala; pensé que nada mejor que distraerme de las fatigas de la campaña que la lectura de una novela extraña. Y convencido de que el curioso manuscrito no volvería ya a su legítimo dueño, no vacilé en apropiármelo.
Días después nos vimos forzados a abandonar Zaragoza, y habiéndome alejado desgraciadamente del cuerpo principal del ejército, tuve la mala suerte de ser apresado con mi destacamento por el enemigo. Creí llegada mi última hora. Cuando llegamos al lugar donde nos conducían, los españoles comenzaron a despojarnos de nuestros objetos. Les rogué que me permitieran conservar una sola cosa, que nada podía servirles: el manuscrito que había encontrado. Aunque al principio no parecían dispuestos a ello, acabaron pidiendo la opinión de su capitán, que en cuando vio el libro vino hacia mí para agradecerme el haber conservado intacto un manuscrito que él tenía en gran estima, pues contenía la historia de uno de sus antepasados. Le conté entonces cómo había llegado a parar a mis manos, y apenas lo hube hehco me llevó con él a su casa, donde pasé una temporada, muy bien tratado, y le rogué que me tradujese el libro al francés. Lo que sigue es su traducción, que yo escribí bajo su dictado.

Diorama de la Batalla de Alba de Tormes


Hoy me he encontrado con este diorama de la Batalla de Alba de Tormes a cargo de la casa NIMIX.

El 28 de noviembre de 1809, un año de derrotas para el Ejército Español, se libró una importante batalla por el control del puente del Alba de Tormes. Este puente era crucial, ya que era indispensable su dominio para mantener la línea del Tormes y poder, de esta forma, contener a los ejércitos franceses.

Tras la derrota de Ocaña (19 de noviembre de 1809) y la consiguiente paralización de las operaciones del ejército español, el Duque del Parque, sin decidirse a retirarse de la zona, acampó en las cercanías de Alba de Tormes, donde le alcanzaron las tropas del general francés Kellerman, que comandaba una numerosa tropa de caballería.

Del Parque situó parte de sus tropas en la margen izquierda del río Tormes (dos divisiones) y dejó en la villa, a la derecha, las fuerzas restantes más el cuartel general, la artillería y los bagajes, en una decisión incomprensible, ya que entre ellas solo era posible la comunicación por medio de un estrecho puente.

Kellerman, previendo la posibilidad de que el ejército español se retirase a la otra orilla y consciente de que no contaba con tropas de infantería a mano, decidió arriesgarse y atacar tan solo con la caballería, en un intento de retener a los españolas para dar tiempo a que llegaran sus tropas de a pie.

La caballería imperial francesa, con los Húsares y los Cazadores del general Lorcet a la cabeza, se abalanzó en cuatro oleadas consecutivas contra la línea defensiva formada por los españoles, arrasando a los jinetes de Del Parque y comenzando a crear grandes destrozos entre las tropas de infantería española. Tras sufrir 3000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, los soldados españoles se replegaron hacia el puente del Tormes, consiguiendo pasar la mitad de ellos. El resto de la infantería quedó atrapada en la orilla derecha, pero consiguió formar en cuadro y se dispuso a esperar el asalto final.

Sin embargo, éste no se produjo, ya que el comandante francés entretuvo con maniobras fingidas a los españoles mientras esperaba la llegada de la infantería francesa. Tras tres largas horas de espera y escaramuzas, al anochecer, los cuadros españoles se lanzaron en una precipitada huida hacia el puente y la mayoría consiguió llegar hasta las posiciones de Del Parque. Afortunadamente, la infantería francesa no llegó a tiempo.

Del Parque fue presionado por los primeros batallones franceses de infantería que aparecieron y el general español decidió retirarse de la zona.

En este desgraciado combate, en el que la infantería española, demostró tanto valor, destacaron los regimientos españoles del Príncipe, Princesa, Gerona, Zaragoza y Navarra, que formaban parte de la vanguardia española en la 2ª División.

En concreto, el Batallón 1º de Gerona, de Infantería Ligera, estuvo a punto de ser destrozado por la caballería francesa, pero consiguió mantener la formación hasta los asaltos finales.

Es por ello que las figuras del diorama las han pintado con los colores del Batallón 1º de Gerona: casaca azul; cuello, vueltas, solapas y vivos amarillos y botón plata.

domingo, 9 de agosto de 2009

Ian Fletcher Battlefield Tours visita el Sitio Histórico de Los Arapiles

Un grupo de Ian Fletcher Battlefield Tours visitó el Sitio Histórico de Los Arapiles el pasado 30 de julio, tras haber recorrido los días anteriores el campo de batalla de Talavera en el doscientos aniversario de esa batalla.

Ian Fletcher ha escrito más de una treintena de libros dedicados a la Guerra Peninsular y es un asiduo visitante del Sitio de Los Arapiles con sus grupos de turistas de campos de batalla. Normalmente me uno a sus grupos el día anterior a la visita al campo, en una cena que se suele celebrar en el restaurante salmantino favorito de Ian: La Olla. Nos volvemos a ver al día siguiente, a eso de las 9.:30 sobre la cima del Pico de Miranda, donde Ian comienza la visita guiada que luego nos lleva al Aula de Interpretación, el Teso de San Miguel y al Arapil Grande para terminar con un almuerzo en el pueblo de Arapiles.

Ya hace muchos años que gozo de la amistad de Ian, con el que he recorrido también los campos de batalla de Talavera, Buçaco, Fuentes de Oñoro, Vitoria y Waterloo. Además hemos colaborado juntos en documentales como "Under Siege! Ciudad Rodrigo 1812", que grabamos en Ciudad Rodrigo y en el National Army Museum en Londres.

Wellington, un Lord en Madrid



La revista "Madrid Histórico" me invitó a participar en su número 5, y yo acepté gustosamente con un artículo que titulé "Wellington, un Lord en Madrid", que da cuenta de lo ocurrido en las jornadas posteriores a la entrada triunfal de Wellington y su ejército en la capital de España el 12 de agosto de 1812. La victoria en la Batalla de Salamanca, librada el 22 de julio de 1812, fue, desde luego, la llave que abrió las puertas de Madrid al ejército aliado de británicos, portugueses y españoles, y el motivo de la huída del rey José Napoleón I a Valencia.

Portada del número 5 de la revista "Madrid Histórico" http://www.revistamadridhistorico.com/

Entrada triunfal de Wellington en Madrid, 12 de agosto de 1812 (W. Hilton). El Lord escribió a un amigo desde Madrid en 1812: “Me encuentro entre un pueblo loco de alegría. Dios me mandó esta buena suerte que ojalá continúe y pueda ser el instrumento para asegurar su independencia y felicidad”. En septiembre de ese año Wellington era nombrado Generalísimo de los ejércitos españoles y en junio de 1813 derrotaba a los franceses en Vitoria, batalla que provocó que el Rey José Napoleón se viera forzado a abandonar su efímero reino.


Armas de las Guerras Napoleónicas


El amigo Françesc nos sigue deleitando e instruyendo con su Blog dedicado al armamento empleado en las guerras napoleónicas:

http://www.guerrasnapoleonicas.blogspot.com/

Después de picar en este enlace no sé si os acordaríes de volver por aquí, puesto que tanto las explicaciones como las fotografías forman una auténtica enciclopedia del tema.

En la foto tres ejemplares de sables empleados por la infantería francesa.



jueves, 6 de agosto de 2009

Arturo Pérez Reverte en el XL Semanal del 3 de agosto de 2009


Destrozando la memoria

ARTURO PÉREZ-REVERTE, XLSemanal 03 de Agosto de 2009

Les hablaba la semana pasada de manipulaciones históricas y de museos desaparecidos, o pasados por el tamiz del pacifismo simplón, de telediario y foto de periódico, que tanto nos pone. Y al final, por falta de espacio, me quedé con ganas de mencionar también otra clase de museos, esta vez al aire libre: los escenarios de sucesos históricos. Alguna vez hablé aquí del magnífico trabajo de conservación que el Gobierno belga hace en Waterloo, escenario de la última batalla napoleónica. Menos el museo local y la colina artificial del León, desde donde puede abarcarse con la vista todo el terreno, el lugar está intacto. Ni una casa más, o casi, desde 1815. Eso hace posible un continuo ir y venir de visitantes: turistas, aficionados, historiadores, colegios y gente así. En España, como saben, la situación suele ser la opuesta. Esas cosas tienen mala prensa; no sólo por confusiones ideológicas, sino también, y sobre todo, por ignorancia y desidia. Ni siquiera el franquismo, con todos sus trompeteos y fastos imperiales, se interesó por esos lugares. Excepto los monumentos y placas de la Cruzada contra los rojos malvados, lo demás importaba un carajo. Casi todos los monumentos conmemorativos de la historia de España los debemos a iniciativas cultas del siglo XIX y principios del XX. Eso dura hasta hoy. El Ayuntamiento de Madrid, por ejemplo, pidió y obtuvo el año pasado, en plena demagogia del Bicentenario, textos para placas que señalarían lugares notables del 2 de Mayo; y que, año y pico después, ni están colocadas ni se las espera. Mientras que en París no hay apenas calle sin mención de que allí murió Fulanito Dupont luchando contra los nazis, las ciudades italianas están salpicadas de alusiones a los que cayeron sotto il piombo tedesco, y a los republicanos españoles se los recuerda más en Francia que en España. Mucha gente, políticos analfabetos sobre todo, cree que se trata de recordar batallitas del abuelo Cebolleta. Por eso desprecian y degradan lugares que podrían servir como atracción turística y como lección viva de Historia y de memoria. Ahí están, entre muchos, los ejemplos de Las Navas de Tolosa, Arapiles, Bailén –chalets adosados por todas partes–, o la atrocidad que se está haciendo con el paisaje histórico de Numancia, con el proyecto de un polígono industrial que destrozará lo que en cualquier país decente sería de cuidado exquisito y visita obligada para escolares. O el parque eólico marino que se instalará, como si no hubiera otro lugar en toda la costa, exactamente en las aguas donde se libró el combate del cabo Trafalgar. Desparrame este, el de los molinos eólicos –subvencionados con fondos públicos y con mucho interés privado mojando en la salsa–, que pende sobre algunos de los pocos lugares de importancia histórica que nos quedan intactos. Como Uclés. El caso de Uclés clama al cielo. Aparte de que el pueblo sea de una belleza espectacular con sus calles medievales, sus murallas y monasterio, y de que desde sus alturas pueda contemplarse un paisaje extraordinario, allí tuvieron lugar dos acontecimientos importantes en la historia de España. Uno fue la batalla famosa en la que, el año 1108, un ejército almorávide compuesto de murcianos, valencianos y cordobeses bajo el mando de Tamin Yusuf saqueó la ciudad después de hacer picadillo en la llanura a un ejército castellano, cortando tres mil cabezas cristianas entre las que se contaban las de García Ordóñez –el enemigo del Cid– y el infantito don Sancho, hijo del rey Alfonso VI. Y setecientos años más tarde, en 1809 y exactamente en el mismo sitio, las tropas francesas mandadas por los generales Ruffin y Villatte destrozaron al ejército español del Centro, que mandaban los zánganos incompetentes del general Venegas y el duque del Infantado, haciendo una carnicería de juzgado de guardia. Ese doble campo de batalla, bajo los muros mismos de Uclés, se encuentra milagrosamente intacto; igual que estaba, no hace dos siglos, sino nueve. Y acabo de enterarme de que hay un proyecto, apoyado por la Junta de Castilla-La Mancha, para instalar un parque eólico con torres de 121 metros de altura a tres kilómetros y medio de allí, sobre la sierra vecina. Reventando no sólo ese magnífico paisaje histórico y natural, sino también el del cercano parque arqueológico de Segóbriga. Con fondo de molinillos dando vueltas. Flop, flop. Imaginen la foto. Confieso, de todas formas, que lo de Uclés lo tengo como asunto personal. Porque también en sus campos se libró una tercera pajarraca, ésta ficticia. O de pastel. Allí, debido precisamente a lo limpio del lugar y su belleza, se situó la escena de la batalla de Rocroi durante el rodaje de la película Alatriste. Así que calculen. Ponerle molinos de fondo al paisaje donde transcurre mi escena favorita, cuando Viggo Mortensen, hecho polvo como sus colegas, le dice al franchute: «Decid al señor duque de Enghien que agradecemos su oferta, pero éste es un tercio español». O sea. Me llevan los diablos.

En la foto el monasterio-fortaleza de Uclés, donde tuvo su centro de mando el general Venegas.

Visita al Sitio Histórico de Los Arapiles de Natalia Griffon de Pleineville



Natalia Griffon de Pleineville, una experta ruso-francesa en las guerras napoleónicas, visitó el Sitio Histórico de Los Arapiles el pasado 26 de julio. Natalia trabaja en París como editora para la editorial de temas de historia militar Le Livre Chez Vous, estando al cargo de una de las mejores revistas especializadas en las campañas de la época napoleónica: "Gloire et Empire".

Aquí os dejo el enlace con esta prestigiosa editorial parisina:

www.lelivrechezvous.com