jueves, 6 de agosto de 2009

Mi aportación a la noticia de la entrada anterior: el paso del Esla en diciembre de 1808


LA CAPTURA DEL GENERAL LEFÈBVRE-DESNOËTTES

Estamos en diciembre de 1808. Napoleón ha entrado en España como un huracán, y al frente de sus mejores tropas se lanza a la persecución del ejército británico. Comandados por el general escocés Sir John Moore, los británicos desembarcaron en agosto en la costa portuguesa para apoyar el levantamiento de portugueses y españoles contra el imperio francés, pero ahora se encuentran en franca retirada hacia el puerto de La Coruña, donde esperan poder ser evacuados por la Royal Navy.

Cuando Napoleón recibió la noticia de que los británicos se encontraban en Benavente, éste escribió al general Lefèbvre-Desnoëttes para ordenarle que, con sus Cazadores de la Guardia, ejerciera cierta presión sobre el enemigo en esta localidad. El objetivo era entretener a los ingleses en ese punto hasta que el grueso del ejército imperial pudiera llegar hasta allí. Un poco después, el Emperador envió a la caballería ligera polaca en apoyo de Lefèbvre-Desnoëttes.

Lefèbvre-Desnoëttes alcanzó la población de Castrogonzalo al atardecer del día 28 de diciembre de 1808. Desde allí salió una avanzadilla de Cazadores a caballo de la Guardia con la misión de observar la actividad del enemigo en las cercanías de Benavente, en la otra orilla del Esla. Los Cazadores pudieron ver cómo las tropas británicas se afanaban por demoler el puente que atravesaba el Esla en esa localidad. Se produjo un intercambio de disparos durante el cual un oficial de Mamelucos, de nombre Azaria, resultó herido.

A las seis de la mañana del día siguiente, el joven general francés estaba de nuevo al frente de su regimiento y se empeñaba en encontrar un lugar adecuado para cruzar el Esla y continuar con su misión de reconocimiento. Era imposible atravesar el puente o repararlo con el enemigo posicionado tan cerca. En ese mismo momento el Emperador escribía a Lefèbvre-Desnoëttes para advertirle de que no debía seguir adelante en el caso de que en la otra orilla del río se encontrata la infantería enemiga.

Parece ser que Lefèbvre-Desnoëttes no recibió las órdenes de Napoleón, por lo que se decidió a cruzar el Esla por el vado de Castrogonzalo. Cuatrocientos Cazadores se dispusieron a atravesar la fuerte corriente del río, incrementada en los últimos días por las nevadas y las lluvias, y atacar a un grupo de cuarenta jinetes británicos que se encontraban en la otra ribera. Los Cazadores persiguieron al enemigo durante varios kilómetros, casi hasta las puertas de Benavente, donde fueron obligados a retirarse por los británicos. Lefèbvre-Desnoëttes envió a las compañías primera y quinta en apoyo de la avanzadilla pero, de repente, los jinetes franceses se vieron rodeados por tres escuadrones británicos que habían salido de la ciudad.

Guyot cargó con las compañías sexta y segunda para apoyar a sus camaradas y permitir su retirada. Poco después, 30 ó 40 británicos caían prisioneros y un número parecido yacía herido en el barro. Guyot reunió a sus dos compañías con la primera y la quinta y las dispuso en línea, dispuestas a combatir. Delante de él se desplegaron diecinueve escuadrones británicos, por lo que se vio forzado a retirarse. En ese momento Lefèbvre-Desnoëttes envió al mayor Thiry, con los últimos 150 Cazadores que no habían entrado en combate, en ayuda de Guyot, pero éstos se limitaron a abrir fuego sobre la línea británica sin causar gran daño. Lord Paget, al mando de la caballería británica, ordenó a sus hombres cargar contra los franceses, que se vieron obligados a retirarse hasta el vado a pesar de su inicial resistencia. El coronel del 7º de Light Dragoons y un mayor murieron, y unos 200 jinetes británicos resultaron heridos, de los cuales 27 murieron al día siguiente.

En su precipitada retirada, los Cazadores perdieron dos oficiales y seis soldados, mientras otros treinta y cinco, cuyas monturas estaban exhaustas, habían caído prisioneros. Lefèbvre-Desnoëttes fue capturado en el mismo vado, mientras intentaba, en vano, que sus Cazadores no volvieran a cruzar el río y plantaran cara al enemigo.

Guyot logró cruzar el río con los 300 Cazadores que lograron salvarse del desastre y se apostó en la orilla sin ser molestado por los británicos, que no se atrevieron a internarse en el vado.

Schaumann, un alemán que estaba al cargo de la intendencia del regimiento británico 32º de Infantería, nos habla del polémico asunto de la captura del general francés Lefèbvre-Desnoëttes. Polémica porque entre el ejército británico, corrió la noticia de que un tal Levi Grimsdale, del 10.º (según Oman) o del 18.º (según Schaumann), ambos de Dragones Ligeros, fue el que capturó al general. Los oficiales del 3.º de Húsares de la Legión Alemana del Rey elevaron una protesta formal, afirmando que el general había sido capturado por uno de sus hombres, el soldado Bergmann. Esto es lo que verdaderamente ocurrió:

Un joven soldado de los Húsares alemanes, llamado Bergmann, que acababa de matar a un oficial francés cuyo sable y cartuchera se había quedado como trofeo, alcanzó a un jinete vestido con una casaca verde y un bicornio que cabalgaba en la retaguardia de los escuadrones en plena huída. El fugitivo intentó asestar un sablazo a su perseguidor, pero éste logró esquivarlo. Entonces Bergmann sacó una pistola y el francés se rindió. Un Dragón británico que estaba muy cerca cogió las riendas del caballo del prisionero y se lo llevó. Bergmann, un chico de apenas dieciocho años, que no tenía ni idea del valor de su captura, dejó que el astuto inglés se llevara su presa para poder seguir en persecución de los Cazadores. Mientras tanto el personaje de casaca verde fue llevado ante el general Stewart como prisionero del Dragón británico.

Dice Schaumann que los Cazadores capturados eran sobre todo polacos, italianos, suizos y unos pocos alemanes.


La ilustración que acompaña esta entrada fue realizada por Dionisio Álvarez Cueto para un libro que dejamos sin acabar, Crónicas Napoleónicas, ya que el artista y amigo nos dejó el pasado 6 de enero.

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